Hace unos días tuve la oportunidad de ver una
obra de teatro llamada “cuando los mundos colapsan”. Si soy sincero, no tenía
ninguna expectativa pues fue plan que surgió y que mi novia organizó. Sin embargo,
su tema, argumento y humor fueron una grata sorpresa que disfrute de principio
a fin, me atrapó a tal grado que al final me dejo una sensación de reflexión
que solo logran los buenos tramas.
El tema principal de la obra, al menos como yo
lo entendí, es sobre el destino y el amor abordado mediante un drama narrado a
forma de diálogo con tintes chuscos muy oportunos que me sacaron mas de una
carcajada (y unas lágrimas debo admitir). Trata sobre dos personas cuyas
historias se desenvuelven en realidades lejanas y contextos distintos, pero
siempre a través de una conexión fuerte que los lleva a buscarse sin saberlo y
coincidir. Esta conexión da una explicación y sentido a sus historias, a su
existencia y sin notarlo este lazo ata sus destinos hasta que éstos colapsan en
uno mismo.
La obra me hizo reflexionar a cerca del
‘destino’ como ese camino que dirige nuestra existencia y al proceso de
transitar el camino, es decir al cómo vivimos y aprovechamos el tiempo en este
mundo. Así esa noche mi reflexión empezó con un: “para empezar, ¿creo en el
destino?” Y encontré que es una pregunta difícil de responder, pues me genera
una contradicción. Por un lado, sentirnos dueños de nuestro destino es tener
una sensación de poder, que como dice la película de Spiderman, conlleva una
gran responsabilidad y muchas veces causa angustia; pues tener un lienzo en
blanco sin instrucciones, a veces no es tan divertido como suena. Por el otro
lado, esta el ‘destino’ como un camino que esta predefinido, fijo, es hablar de
una historia que ya esta escrita donde se antoja, hasta cierto punto, cómoda
puesto que solo tienes que sentarte a disfrutar ¿no? Tampoco… En lo personal
creo que tengo evidencia de ambos lados para solo estar mas confundido.
Creo que esto se debe a que somos seres duales
(y que nada nos termina de gustar). Dentro de esta dualidad existe el deseo e
ilusión de saber lo que se nos depara la vida, que considero puede venir de una
falta de sentido en nuestra existencia, por tratar de responder a ¿qué hago en
este mundo?. Si lo pensamos por un momento y removemos la idea del destino,
ósea los sueños y aspiraciones (que creemos como nuestro destino) veríamos que
la existencia quedaría vacía y es algo que por nuestra propia naturaleza no
podemos concebir como seres humanos. Existir por existir es algo imposible de
pensar para nosotros (tal vez por nuestro ego), eso es sólo lo pueden hacer los
animales, y por ello nos enfrentamos al reto de buscarle un sentido a nuestra
existencia todos los días; una justificación de nuestro pasar por este mundo
que nos haga sentir seguros y aceptados como parte de algo más grande. Esa es
la parte más difícil de ser ‘humano’ y la que nos hace humanos después de todo,
lo cual me recuerda a un pasaje de un libro que estoy leyendo: “…Ser humano, según Nietzsche, puede ser
visto como un proceso en el que estamos permanentemente huyendo de la nada,
mientras que, al mismo tiempo, somos manipulados hacia ella, hacia el ‘sin
sentido’ de nuestras vidas, e inducidos a la necesidad de regenerarnos
constantemente un sentido.” Así nosotros tenemos el reto de lidiar con
encontrar el sentido a nuestras vidas y la interpretación que conlleva en cada
uno, pues lo que para uno tiene sentido puede no tenerlo para otro. Es el reto
de reinventarte todos los días para ser.
Pero entonces, ¿hay destino o nel? Por un lado
tenemos la comodidad de tenerlo todo resuelto y confiar, renunciando así a la
posibilidad de cambiar y transformarnos o a la resignación de que, lo que
suceda, sucederá y lo que no, no. Y por otro aceptamos ser dueños de nuestro
destino, aceptando así el reto de encontrar el sentido de la existencia para
luego dirigirnos y tener los h… para forjarlo.
¿Qué creo yo? Antes me gustaría compartir una
frase de un personaje famoso:
“No puedes conectar los puntos mirando hacia
adelante; solo puedes hacerlo mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar
en que los puntos se conectarán de alguna forma en el futuro. Tienes que
confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Por que
creer que los puntos se conectarán luego en el camino te dará la confianza de
seguir tu corazón, incluso cuando te conduce fuera del camino andado y eso hará
toda la diferencia” – Steve Jobs
Yo creo que ambas interpretaciones o creencias
son distintas caras de una misma moneda. Incluso si elijes creer en el
‘destino’, no importa que camino tome tu vida, o el poco sentido que parezca
tener, siempre hallarás la forma de darle un sentido para explicarlo, confiaras
en que los puntos se conectarán, elegir creer en el destino, es una forma de
forjar tu propio destino.
Es como la analogía del vaso medio lleno o
medio vacío, simplemente se trata de si eres una persona que crea su sentido
mirando hacia atrás o hacia adelante. En ambos casos, para mi, lo único que se
busca es encontrarle un sentido y significado a tu existencia.
¿Creo en las coincidencias? No, mas bien creo
en las realidades. En la obra, al creer en el destino, nos deja claro que las
coincidencias no existen pero creo que incluso eso funciona para ambos
escenarios (si crees o no), al final sea una o sea la otra, las existencias de
las personas convergen y entre todos co-creamos el mundo en donde vivimos y la
realidad en la que vivimos. Me gusta pensar que existe una especie de ley natural
donde los destinos (hacia atrás y hacia adelante) se conectan y se dan sentido
mutuamente, por todos estamos conectados, como una matriz donde estamos todos
los seres humanos que existimos y hubiera una ley natural que le da sentido y cohesión
a esa matriz de realidades. Ésta se autocorrige, se escribe y se reescribe. En
ella no hay ningún punto, ninguna acción, experiencia, decisión o instante que carezca
de sentido, pues incluso si para un individuo un evento podría no tener un
significado, al final fue esencial para su existencia (…si como el efecto
mariposa).
No importa si eres de los que dibuja o de los
que conecta, la vida es un lienzo, una aventura que merece ser vivida.
Y tu…¿Conectas o dibujas?











